MEJORANDO EL FUNCIONAMIENTO DEL
CEREBRO
A medida que pasan
los años, muchas veces nos damos cuenta de una cierta disminución en la agudeza
mental. Esto no es explicable sólo por el paso de los años. El hecho es que el cerebro
humano es altamente susceptible a la forma de vida en las modernas sociedades
desarrolladas. Dietas y estilos de vida inadecuados, estrés, sedentarismo, cigarrillo
y contaminación ambiental, son algunos de los factores que dañan las frágiles
células cerebrales. El consumo de alcohol, drogas y varios productos
farmacéuticos, pueden producir severo deterioro de la memoria. Muchos niños
están presentando trastornos conductuales y de aprendizaje y en los adultos la
enfermedad de Alzheimer se ha hecho tan común, que ha adquirido características
casi epidémicas.
Las personas que
abusan de sus cuerpos por una dieta y estilos de vida inadecuados puede
presentar trastornos cognitivos a edades tan tempranas como los 30 años. Estas
personas tienen un mayor riesgo de presentar deterioro cognitivo severo, a
menos que tomen la firme determinación de reconstruir su función cerebral.
El cerebro utiliza
el 20 % de la energía corporal y el 25%
de todo el oxígeno inhalado. La fisiología cerebral es altamente compleja y
tiene la capacidad de influir en cada cosa que hacemos.
EL CEREBRO Y UNA DIETA SANA
La unidad celular
fundamental del cerebro es la neurona. Las neuronas se comunican entre sí
mediante los neurotransmisores. Estos últimos son sustancias químicas
cerebrales que atraviesan de una célula a otra, siendo capaces de unirse a los
receptores y facilitar actividades cerebrales específicas. El proceso es
complejo y el buen estado de las proteínas y grasas de las membranas neuronales
es esencial para que se lleve a cabo en forma exitosa. A cada momento ocurren
cambios en estas membranas celulares, afectadas por factores como las
emociones, la dieta o el sistema inmunológico. Aún leves alteraciones en esta
membrana especializada pueden acarrear consecuencias negativas para la
neurotransmisión cerebral y, en definitiva, causar enfermedades. La serotonina,
dopamina, acetilcolina y noradrenalina son los neurotransmisores más comúnmente
conocidos. Su déficit o exceso se relaciona a enfermedades como la depresión,
ansiedad o hiperactividad y puede contribuir a enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson.
Una dieta sana,
enfocada a las necesidades específicas del cerebro, puede ayudar a las neuronas
a alcanzar un equilibrio más adecuado en forma natural. El cerebro depende del
hígado y el tubo digestivo, que absorben los nutrientes, remueven las toxinas y
mantienen una actividad inmunológica adecuada.
Dado que las
células cerebrales están en gran parte compuestas de grasas, el tipo adecuado
de grasas en la dieta es uno de los elementos más críticos en el
mantenimiento de la salud cerebral. Los
mismos Acidos Grasos Omega-3, que promueven la salud cardiovascular, pueden
ayudar a nuestros cerebros. Las fuentes primarias de estas grasas las
encontramos en los peces de agua fría,
incluyendo el salmón y las sardinas. Coma pescado un mínimo de tres veces por
semana. Los aceites vegetales, especialmente la oliva y linaza, son excelentes
fuentes de Omega-3, siendo la linaza, que también se puede agregar a las
comidas, la fuente más importante y recomendada.
Las vitaminas del complejo B trabajan
en conjunto para promover la salud cerebral e inmunológica. Protegen los
tejidos contra la oxidación y aislan las células nerviosas, lo que aumenta la
velocidad de conducción eléctrica. Nuestro cuerpo requiere vitaminas B para
sintetizar varios neurotransmisores. Además de las carnes, hay algunas buenas
fuentes vegetales de vitaminas B, como los cereales integrales, levadura de
cerveza, germen de trigo, nueces, almendras y avellanas.
Dado que el
cerebro contiene una gran proporción de ácidos grasos, es susceptible al daño
oxidativo de los radicales libres. Estas son moléculas altamente reactivas que
atacan y dañan las membranas celulares, proteínas y al mismo código genético,
favoreciendo el envejecimiento y muchas enfermedades. Los antioxidantes son
nutrientes que combaten y neutralizan radicales libres. Los más importantes son
las vitaminas C y E, los carotenoides y el mineral selenio. Muchos alimentos
son ricas fuentes de antioxidantes. Los carotenoides se encuentran en los
vegetales naranjos y verde oscuro, como la zanahoria, el camote, la col y la
espinaca. La vitamina C está presente en frutas cítricas y vegetales como el
brócoli y el pimiento. La vitamina E se encuentra en semillas y nueces así como
en aceites vegetales y de soya. El selenio es propio de los mariscos, granos y
castañas de Cajú. El suplemento con antioxidantes es recomendable dado que
constituyen la principal fuerza defensiva del cuerpo y protegen de
prácticamente todas las enfermedades crónicas, incluyendo enfermedades
cardiovasculares, cáncer, cataratas, Parkinson, Alzheimer y el mismo proceso de
envejecimiento.
MANTENIENDOSE SANO
Todos desearíamos
tener un cerebro sano en nuestra vejez, pero también necesitamos un cerebro que
trabaje con la mayor velocidad y eficacia cada día.
La cafeína puede
mejorar el alerta mental, pero produce adicción, pudiendo provocar
desagradables molestias al suspenderla y ser dañina para la salud general. El
alcohol enlentece el funcionamiento del cerebro y debe ser evitado por aquellas
personas que requieran un buen rendimiento y concentración mental.
Un estilo de vida
que incluya tiempo de relajación, meditación, ejercicios físicos adecuados y un
sueño suficiente, ayuda a regenerar y vigorizar nuestro estado mental.
En resumen, la
forma en que comemos, no sólo nos ayuda a ser más inteligentes, alertas y
exitosos en actividades mentales, sino que también equilibra nuestras emociones
y conductas.
Dr. Jorge González Hernández
Programa de Memoria
Centro Médico San Jorge
Pontificia Universidad Católica de Chile